¿el cassette es el nuevo vinilo?

Mientras artistas como Paul McCartney o The Weekend sacan ediciones especiales, bandas under locales vuelven a grabar en este formato; el único problema es que casi ya no existen las caseteras donde reproducirlos.

“Hasta hace unos años cassette era una mala palabra. Pero hoy se está empezando a vender un poco, incluso hay bandas nuevas que sacan cassettes”, cuenta Mariano, desde el mostrador de su tienda de vinilos y libros The Anthology, en la galería Bond Street. A su espalda, sobre una repisa, hay una pequeña pila de cassettes “de época” (The Police, Eric Clapton, entre otros), junto con otra de cassettes nuevos de bandas under como Hijos de Kirchner o DJs Pareja, o una flamante reedición de Paciencia (1995), de Adrián Paoletti. “Los que nunca dejaron de editar en cassette son los punk, que siempre estuvieron delante de la industria. Pero hoy hay cassettes nuevos de sellos independientes; algunos los compran porque los escuchan, otros por fetiche”, agrega.

Es que no sólo se trata de actitud under, como las que exhiben Boom Boom Kid o El Mató a un Policía Motorizado, artistas locales que han buceado en ese formato. Hay también algo del marketing de la nostalgia. Paul McCartney se paseó recientemente por los titulares al lanzar un cassette que contiene tres demos grabados junto a Elvis Costello durante las sesiones del disco Flowers in the Dirt (1989). Incluso la movida de marketing llegó al punto que artistas de gran nivel de popularidad como Justin Bieber, The Weeknd y Kanye West, decidieron lanzar ediciones reducidas en cassette de sus discos. En estos casos, sumar la opción cassette les permite un nuevo ítem a la lista de merchandising: remeras, posters, pins y, por qué no, cassettes para exhibir más que para escuchar.

Pablo Hierro, del sello independiente Scatter Records, coincide con el lugar que asume el regreso del cassette: “En los Estados Unidos se ha dado una vuelta al cassette de la mano de sellos indie como Burger Records, que armaron un subsello para adquirir licencias de discos para reeditarlos en cassette -explica-. El cassette es en definitiva un objeto que funciona como una memorabilia, como un ítem más de merchandising. Pero es un consumo hype, casi ostensivo. No es que la gente va a escucharlo”.

De hecho, muchos de los cassettes que se editan en los Estados Unidos o Europa vienen acompañados por un link y una clave para descargar las canciones de Internet. ¡Y así poder escucharlas!

“Todo lo que es hardcore y punk, sale mucho en cassette”, agrega Sergio, que precisa que el “sale mucho” es que se vendan, con suerte, 5 o 10 casetes por semana, a un precio de 50/55 pesos. “Fuera del entorno hardcore punk, tengo gente que hace pop electrónico y que lo saca en cassette, pero más por un formato de nostalgia o de tratar de entrar al circuito de la movida en cassette”, agrega. Más allá de algunos contados locales, como el de Sergio o el de Mariano, los shows de las bandas completan el actual circuito de venta de los cassettes.

Revitalizado por el marketing o la nostalgia, el único y verdadero límite que se interpone hoy entre el cassette y su masificación es la falta de equipos para reproducirlos. “¿Pasacassettes? Debe hacer más de 10 años que no vendemos”, trataba de hacer memoria un vendedor “Fijate que los minicomponentes ya están dejando de venir con CD”.

Los reproductores para cassette se pueden adquirir, usados, en plataformas como MercadoLibre, donde siempre hay alguien que se quiere sacar de encima el viejo centro musical. O en locales de compra, venta y reparación de equipos de música.

Fuente: [La Nación]