Los “No” que fueron “Si”

Lo peculiar en los personajes mencionados ha sido no rendirse antes las dificultades. Fueron valientes en las pérdidas, pero también sencillos en sus triunfos, lo que les permitió avanzar. También los caracteriza cierta serenidad y una lógica autoestima.

Los padres del niño Albert Einstein estaban decepcionados. Los profesores no le auguraban un futuro promisorio con sus bajas calificaciones; además, no hablaba.

La sorpresa de ambos fue mayúscula cuando, a los cuatro años, mientras almorzaba, dijo: “Esta sopa está caliente”. “Por qué no hablaste antes?”, se admiro su madre. “Porque estaba ocupado ordenándome”, contestó el pequeño Albert. Convengamos que organizar una oración para un pequeño no es fácil.

Una muchacha con un hijo y recién separada se distraía de se mala situación económica refugiándose en un café para escribir en un cuaderno una historia estrafalaria para su beba. Harry Potter y la piedra filosofal, su primer libro fue rechazado por doce editoriales. Lo aceptó Bloomsbury, por una cuestión casual. La hija de ocho años del presidente de la pequeña empresa, Barry Cunningham, leyó los primeros capítulos y mostró su enorme interés por los siguientes. Esto decidió su publicación, aunque el editor le recomendó a la autora que buscara otro trabajo porque vendería pocos ejemplares.

Con su saga de Harry Potter, J. K. Rowling ganó, en cinco años, 560 millones de libras, convirtiéndose en la duodécima mujer más rica de Gran Bretaña.

Harto de los múltiples rechazos, Stephen King se dio por vencido y arrojó a la basura su novela Carrie. Su esposa la rescató e intentó presentarla una vez más. Así, Stephen se transformó en el autor de best sellers de terror más leídos del mundo. No solo agotó ediciones, sino que la mayoría de sus creaciones se transformaron en películas. ¡Ese instante en que el fracaso nos agobia y nos salva un golpe de suerte, el último intento, un ser querido, una loca persistencia!

La mente brillante de Thomas Edison era completada por una paciencia y una insistencia casi enfermizas. Trató de hacer funcionar su famosa bombilla nada menos que mil veces. Perdío su empleo por incendiar un vagón de tren haciendo experimentos. Cuando logró su cometido, aseveró: “No fueron mil intentos fallidos. Fue un invento de mil pasos”.

Oprah Winfrey, la cara más famosa de la pantalla chica estadounidense, fue despedida de su primer empleo como reportera por “no tener la imagen adecuada para la televisión”. Nunca bajó los brazos y, hoy en día, es una influyente  crítica de libros, presentadora, directora de su propia revista y catalogada como una de las mujeres más poderosas del mundo, según la revista Forbes.

Lo peculiar en los personajes mencionados ha sido no rendirse antes las dificultades. Fueron valientes en las pérdidas, pero también sencillos en sus triunfos, lo que les permitió avanzar. También los caracteriza cierta serenidad y una lógica autoestima.

Están convencidos, aunque nadie -salvo una pareja o sus amigos- los entienda, de que sus obras son valiosas. Además, cualquiera sea la actividad del ganador, suele adoptar un sentido común que lo acerca a la dicha. Y es humilde, no necesita vanagloriarse.

Nuestro Julio Bocca cumplió cincuenta años y pensó festejarlo en el Caribe o en Nueva York, hasta que decidió hacerlo con veinte amigos en su casa del Uruguay, donde vive. “¡Si a mí no me gustó nunca estar con mucha gente!”, dijo. A pesar de sus kilos de más, conserva  su incomparable porte y afirma que tres preguntas guían su vida: “¿En qué lugar deseo estar?”, “¿Para dónde quiero encarar ahora?” y “¿Qué busco?”. El bailarín rozó la perfección, tal vez porque no la buscó con desesperación.

Sigamos con el consejo de Salvador Dalí: “No le tengas miedo a la perfección. Nunca la alcanzarás”

Noemí Carrizo.